DÍA MUNDIAL DE LA JUSTICIA SOCIAL

Para 2016, la tasa de desocupación es de 4% y 2 de cada 100 tienen más de un año buscando trabajo.

En 2016 los ocupados que trabajan más de 48 horas por semana son 28 de cada 100, de los cuales 2.1% ganan menos de un salario mínimo.

Datos nacionales

Datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo al tercer trimestre de 2016, hay 54.2 millones de personas económicamente activas, de las cuales 96 de cada 100 están ocupadas.

Según la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo  en 2014 los hombres de 15 y más años que realizan alguna actividad para el mercado, destinan en promedio 10.7 horas a la semana a actividades de ocio y recreación, en tanto que las mujeres dedican 8.8 horas en promedio a la semana a este tipo de actividades.

Fuente: INEGI

Durante el 62° periodo de sesiones, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), mediante la resolución A/RES/62/10, aprobó establecer el 20 de febrero como el Día Mundial de la Justicia Social, reconociendo que: “el desarrollo social y la justicia social son indispensables para la consecución y el mantenimiento de la paz y la seguridad en las naciones y entre ellas, y que, a su vez, ambos temas no pueden alcanzarse si no hay paz y seguridad o si no se respetan todos los derechos humanos y las libertades fundamentales”1, la dignidad humana, el desarrollo, el pleno empleo, la igualdad entre géneros y el bienestar social.

Para las Naciones Unidas, la búsqueda de la justicia social para todos es el núcleo de su misión global para promover el desarrollo y la dignidad humana. Por tal motivo, con esta celebración busca fomentar la labor de la comunidad internacional encaminada a erradicar la pobreza y promover el empleo pleno y el trabajo decente, la igualdad entre los sexos y el acceso al bienestar social y la justicia social para todos.

Uno de los retos asumidos por las Naciones Unidas para lograr un mundo sostenido con justicia social, es que todos tengan acceso a un trabajo decente, por lo cual en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) se plantea en el Objetivo 8: “Promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todas y todos”2.

El empleo productivo y el trabajo decente son elementos clave para lograr una globalización justa y la reducción de la pobreza y se han convertido en objetivos universales, integrados en las más importantes declaraciones de derechos humanos: las Resoluciones de la ONU y los documentos finales de las principales conferencias, incluyendo el Artículo 23 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social (1995), el Documento de la Cumbre Mundial (2005), el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (2006), el Segundo Decenio de las Naciones Unidas para la erradicación de la pobreza (2008-2017), la Conferencia sobre el Desarrollo Sostenible (2011) y en la Agenda 2030 para Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (2015).

Con el propósito de participar en la celebración del Día Mundial de la Justicia Social, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), presenta una serie de indicadores de ocupación y uso del tiempo, basados en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) y la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo (ENUT) que dan cuenta del monto de la población ocupada y las condiciones en que realizan su actividad económica así como de la vinculación entre la vida laboral con la vida familiar y personal.

CONCEPCIÓN DE TRABAJO DECENTE

Trabajo decente es un concepto que busca expresar lo que debería ser, en el mundo globalizado, un buen trabajo o un empleo digno. El trabajo que dignifica y permite el desarrollo de las propias capacidades no es cualquier trabajo; no es decente el trabajo que se realiza sin respeto a los principios y derechos laborales fundamentales3, ni el que no permite un ingreso justo y proporcional al esfuerzo realizado, sin discriminación de género o de cualquier otro tipo, ni el que se lleva a cabo sin protección social, ni aquel que excluye el diálogo social y el tripartismo4.

El trabajo decente implica que todas las personas tengan oportunidades para realizar una actividad productiva que aporte un ingreso justo, seguridad en el lugar de trabajo y protección social para las familias; que ofrezca mejores perspectivas de desarrollo personal y favorezca la integración social.

El concepto de trabajo decente fue promovido por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y posteriormente fue adoptado en la Ley Federal del Trabajo (LFT) en México5. Es un concepto que busca expresar lo que es un buen trabajo o un empleo digno, definiéndolo como: “…aquél en el que se respeta plenamente la dignidad humana del trabajador; no existe discriminación (…); se tiene acceso a la seguridad social y se percibe un salario remunerador”6; enunciado que sintetiza las pretensiones de las personas durante su vida laboral, establecidas así en el Programa de Trabajo Decente de la Organización Internacional de Trabajo: “…la oportunidad de acceder a un empleo productivo que genere un ingreso justo, la seguridad en el lugar de trabajo y la protección social para las familias, mejores perspectivas de desarrollo personal e integración social, (…) la igualdad de oportunidades y trato para mujeres y hombres” 7.

El trabajo decente debe entenderse como un concepto integrador, en cuya realización es necesario combinar aspectos relativos a los derechos, al empleo, la protección y el diálogo en un todo8. Para evaluar los progresos relativos al trabajo decente se tienen en cuenta una serie de elementos entre los que se encuentran el acceso al empleo y la formalización laboral (seguridad social, duración de la jornada laboral, salario) además de la erradicación de cualquier forma de explotación laboral, como el trabajo infantil y el trabajo forzado, y fomentar el equilibrio entre las vidas laborales, familiares y personales.

De acuerdo con las consideraciones del objetivo 8 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible: “la creación de empleos de calidad seguirá constituyendo un gran desafío para casi todas las economías más allá de 2015”, y establece que: “Para conseguir el desarrollo económico sostenible, las sociedades deberán crear las condiciones necesarias para que las personas accedan a empleos de calidad, estimulando la economía sin dañar el medio ambiente. También tendrá que haber oportunidades laborales para toda la población en edad de trabajar, con condiciones de trabajo decentes”9.

ACCESO AL EMPLEO

Uno de los aspectos que integran la definición de trabajo decente de la OIT es el acceso al empleo productivo. En México, de acuerdo con datos de la ENOE 2016, al tercer trimestre de 2016, residen 90 millones de personas en edad productiva10 (de 15 y más años), con una tasa de participación económica de 60.2%, que equivale a 54.2 millones personas económicamente activas, de las cuales 33.4 millones son hombres y 20.8 millones son mujeres.

De acuerdo con las consideraciones de la OIT, el desempleo trae consigo dificultades que inciden negativamente en la calidad de vida y la seguridad de las personas. Así mismo, los priva del acceso a los beneficios del desarrollo, que es pilar del contrato social en sociedades democráticas. Para el tercer trimestre de 2016, datos de la ENOE muestran que la tasa de desocupación se ubicó en 4.0%, lo que significa que 2.1 millones de personas están desempleadas y buscan trabajo. La tasa de desocupación es ligeramente mayor para las mujeres, con 4.2%, que para los hombres, con 3.9 por ciento.

Datos de la ENOE muestran que: 47.5% de las personas desocupadas tienen de 25 a 44 años; 35%, de 15 a 24 años; 16.3%, de 45 a 64 años y 1.1%, 65 y más años.

De las personas desocupadas: 46.1% tienen hasta un mes buscando empleo; 41%, de uno y hasta seis meses; 4.6%, de seis meses a un año, mientras 1.6% tienen más de un año buscando trabajo.

El 89% de las personas desocupadas tienen experiencia laboral y 11% carece de esta característica. El 52.3% de las personas desocupadas con experiencia laboral están desempleadas porque perdieron su trabajo o se terminó, 39.6% renunció o dejó el empleo, 3.8% dejó o cerró un negocio propio y del 4.3% las causas de pérdida del empleo fueron clasificadas en “otras”.

FORMALIZACIÓN LABORAL

Una de las características del mercado de trabajo en México en los últimos tiempos ha sido la elevada proporción de personas ocupadas en el sector informal de la economía. Para el tercer trimestre de 2016, la tasa de informalidad laboral11 en México fue 57.4%; es decir, casi seis de cada 10 ocupados está en una situación donde son laboralmente vulnerables debido a que están ocupados por micronegocios no registrados o sector informal, son ocupados por cuenta propia en la agricultura de subsistencia o bien son trabajadores que laboran sin la protección de la seguridad social y sus servicios son utilizados por unidades económicas registradas. Esa situación está mayormente presente en las mujeres ocupadas, con una tasa de informalidad laboral de 58.2%, por 56.8% para los hombres ocupados.

La formalización laboral es pilar fundamental del concepto de trabajo decente, ya que representa un ingreso fijo, protección social para la población trabajadora y su familia, mejor calidad de vida, consolidación de un crecimiento incluyente, progreso social y económico, reducción de la pobreza y equidad social12.

Desde el punto de vista de la posición que se tiene en el trabajo, información de la ENOE muestra que, para el tercer trimestre de 2016, el 68% de las personas ocupadas son trabajadoras subordinadas y remuneradas, 22.5% trabajan por su cuenta, 4.4% son empleadoras y el restante 5.1% son, en su mayoría, trabajadoras auxiliares que apoyan a sus familiares, o bien, trabajadoras independientes en sus actividades o negocios, pero sin hacerlo bajo un acuerdo pactado de remuneración monetaria. De las mujeres ocupadas, 66.9% son subordinadas y remuneradas, ante un 68.7% de los hombres. Además, 7.5% de las mujeres trabaja sin recibir un pago a cambio y en los hombres esta situación representa 3.6 por ciento.

La existencia de un contrato laboral significa mayores posibilidades de acceso a las prestaciones de seguridad social; sin embargo, 44.8% de los trabajadores subordinados y remunerados no tienen un contrato por escrito, lo que los sitúa en un estado de vulnerabilidad laboral. De los trabajadores subordinados y remunerados que sí cuentan con contrato por escrito (54.2%), 82.4% tienen contrato por tiempo indefinido, son de base o planta, 17% cuentan con un contrato temporal y en 0.6% de los casos, no se especificó el tipo de contrato.

DURACIÓN DE LA JORNADA LABORAL

Una de las inquietudes más antiguas de la legislación del trabajo ha sido la regulación del tiempo de trabajo. Actualmente las normas de la OIT sobre la duración de la jornada confieren el marco para la regulación de las horas de trabajo, de los periodos de descanso diarios y semanales y de las vacaciones anuales. Estos instrumentos garantizan una elevada productividad, al tiempo que se protege la salud física y mental de los trabajadores. El Art. 58 de la LFT establece que la jornada de trabajo “es el tiempo durante el cual el trabajador está a disposición del patrón para prestar su trabajo”. El máximo legal establecido es de ocho horas diarias si la jornada es diurna; siete horas si es nocturna, y siete horas y treinta minutos si es una jornada mixta. El máximo legal semanal es de 48 horas, 42 horas o 45, respectivamente para cada tipo de jornada.

Datos de la ENOE al tercer trimestre de 2016 muestran que 28.4% de la población ocupada trabaja más de 48 horas a la semana, 45.1% de 35 a 48 horas a la semana, 16.8% de 15 a 34 y el 6.3% menos de 15 horas a la semana.

Para ambos sexos, el porcentaje de ocupados que trabajan entre 35 y 48 horas a la semana es muy similar, 45.9% para los hombres y 43.7% para las mujeres. Uno de cada tres hombres ocupados (34.2%) labora jornadas semanales de más de 48 horas, mientras que una de cada tres mujeres (33.1%) trabaja 34 horas o menos por semana.

Laborar más horas a la semana no se traduce en una mayor remuneración para la población trabajadora, pues 2.1% de las personas ocupadas trabajan más de 48 horas y ganan menos de un salario mínimo, mientras que 1.2% trabaja más de 48 horas a la semana y no recibe ingresos por su trabajo.

INGRESOS POR TRABAJO

Una característica importante del trabajo decente es que los trabajadores disfruten de un empleo remunerador, que es un elemento de la calidad del trabajo. La LFT en su Artículo 90 especifica que el salario mínimo que se pague en efectivo al trabajador por una jornada de trabajo debe ser “suficiente para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos” 13.

Información de la ENOE al tercer trimestre de 2016 respecto a los ingresos de la población ocupada, muestra que la mayor proporción de ocupados (26.2%) percibe más de uno y hasta dos salarios mínimos (SM); uno de cada cinco ocupados (21%) recibe más de dos y hasta tres SM; 15.1% percibe hasta un salario mínimo, 7% de los ocupados lo está sin percibir ingresos y solo 6.1% percibe más de cinco SM. Del total de ocupados, 11.9% no especificó su salario. Respecto a las diferencias en la percepción de los ingresos por sexo de la población ocupada se observa que cerca de la mitad (49.5%) de las mujeres ocupadas percibe hasta dos salarios mínimos; este porcentaje en los hombres es de 36.1%. De las mujeres ocupadas 26.9% tienen ingresos de más de dos y hasta cinco SM, mientras que los hombres con ese rango salarial suman 38.1%. Únicamente 4.5% de las mujeres ocupadas y 7% de los hombres ocupados perciben más de cinco salarios mínimos. La proporción de ocupados que no percibe ingresos es más alta en mujeres: 7.7% de las ocupadas no percibe ingresos, por 6.5% de los hombres.

SEGURIDAD SOCIAL COMO PRESTACIÓN LABORAL

 Un elemento clave de la formalización laboral es la seguridad social. Las prestaciones de seguridad social tienen por objeto proteger a los trabajadores de riesgos, atender las necesidades de subsistencia apremiantes de la población y asistirla frente a los imprevistos.

El Convenio sobre la seguridad social de la OIT14 establece nueve ramas de la seguridad social: atención de salud y prestaciones en caso de enfermedad, desempleo, vejez, accidente laboral, por familiares a cargo, por maternidad, por invalidez y para sobrevivientes del trabajador fallecido. Los regímenes nacionales de seguridad social han sido concebidos fundamentalmente para atender estas necesidades en los asalariados.

En México el acceso a los servicios de atención a la salud está determinado por la participación en el mercado laboral en el sector formal. Respecto al acceso a instituciones de salud como parte de una prestación laboral, los datos de la ENOE 2016 al tercer trimestre muestran que 32.5 millones de los ocupados (62.5%) no tiene acceso a instituciones de salud como parte de una prestación laboral. Únicamente 19.2 millones (37%) de los ocupados es derechohabiente de alguna institución de salud; de ellos, 81.5% está asegurado ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), 16.5% al ISSSTE y 0.7% es derechohabiente como prestación laboral.

Además del acceso a servicios médicos, otro tipo de prestaciones sociales contribuyen a mejorar las condiciones laborales de los ocupados. La información de la ENOE permite desagregar tres tipos de prestaciones laborales: el aguinaldo (recibida por 39.9% de los ocupados de 15 y más años en 2016), vacaciones con goce de sueldo (35.2%) y reparto de utilidades, prestación que solo tienen 12.5% del total de ocupados de 15 y más años.

 BALANCE VIDA-TRABAJO

Los cambios sociales, demográficos y económicos han generado nuevas dinámicas laborales y familiares, además de nuevos retos para los empleados y empleadores, por lo que el tema del balance entre la vida y el trabajo cobra importancia15. La incompatibilidad de las actividades familiares y laborales se relaciona con mayores riesgos de deterioro de la salud, un mal desempeño en la función parental, tensión psicológica, ansiedad, irritación frecuente, depresión, estrés laboral y diversos problemas psicosomáticos; todos, efectos derivados de las tensiones provocadas por el desempeño simultáneo de los roles laborales y personales16.

La OIT ha establecido convenios y recomendaciones enfocados en la generación de políticas regulatorias tanto del tiempo de la jornada de trabajo como en relación a la disponibilidad de tiempo libre que permita al trabajador variar sus actividades y le alivie de la tensión que su profesión le impone; puede incluso aumentar su capacidad productiva, acrecentar el rendimiento de su trabajo y contribuir así a lograr la eficacia máxima a la jornada de ocho horas17.

Teniendo en cuenta que la familia constituye una parte importante de la vida personal para la mayoría de los individuos en el transcurso de su ciclo vital, uno de los objetivos del Convenio sobre los trabajadores con responsabilidades familiares, 1981 (núm. 156) que establece la OIT incluye permitir que todos los trabajadores con responsabilidades familiares (tanto mujeres como hombres) puedan desempeñar un empleo sin ser objeto de discriminación y, en la medida de lo posible, sin conflicto entre sus responsabilidades familiares y profesionales18.

La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2014 proporciona información que permite conocer la situación de la población respecto al tiempo empleado en las jornadas de trabajo, el cuidado personal y tiempo de ocio, entre otros elementos que se relacionan con el tema de balance vida-trabajo.

Datos de la ENUT 2014 muestran que en México, además del tiempo destinado al trabajo19, la población de 15 y más años que trabaja para el mercado, dedica en promedio 5.6 horas por semana (lunes a domingo) a desplazarse a su lugar de trabajo (ida y regreso) 20. Los hombres (6.2 horas) dedican en promedio 1.5 horas más que las mujeres (4.7 horas). Sobresale que 16.0% del total de la población de 15 y más años que trabajó para el mercado, dedica más de 10 horas a la semana a trasladarse a sus lugares de trabajo.

Otro de los aspectos importantes del balance vida-trabajo es la cantidad y la calidad del tiempo libre, ya que son importantes para el bienestar general de las personas y pueden generar beneficios adicionales para la salud física y mental, por lo que cuanto más trabajen las personas, menos tiempo tendrán para dedicarlo a otras actividades, como el cuidado personal o el ocio21.

En relación al tiempo que se dedica a las actividades en el tiempo libre, la encuesta señala que la población mexicana destina el mayor promedio de horas a la semana a actividades de uso de medios masivos de comunicación (ver televisión, revisar su correo electrónico y escuchar la radio). Para estas actividades, los hombres destinan 10.7 horas y las mujeres 8.8 horas en promedio a la semana. En actividades como la convivencia familiar, social y participación ciudadana los varones dedican 5.1 horas, mientras que las mujeres destinan 6.5 horas. La asistencia a lugares de entretenimiento y otras actividades se ubican en penúltimo lugar; ellos dedican 2.3 horas y ellas 2.5 horas. Entre las actividades a las que se dedica menos tiempo se encuentran: la participación en juegos, aficiones, pasatiempos, práctica de deportes y ejercicio físico; las mujeres le dedican 1.5 horas y los hombres 2.3 horas en promedio a la semana.

Con esta información el INEGI brinda indicadores para el conocimiento de la situación de igualdad de la población ocupada en relación con el acceso al trabajo decente y de la población que realiza trabajo para el mercado y su situación respecto del balance vida-trabajo, en el ámbito nacional.

Mayor información en www.inegi.org.mx

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1 ONU, Asamblea General, Sexagésimo segundo periodo de sesiones. 62/10. Día Mundial de la Justicia Social, Resolución aprobada por la Asamblea General el 26 de noviembre de 2007. Consultada en:

http://www.un.org/es/comun/docs/?symbol=A/RES/62/10

2 Organización de las Naciones Unidas. Objetivos de desarrollo sostenible:

http://www.un.org/sustainabledevelopment/es/objetivos-de-desarrollo-sostenible/

3 OIT. Programa de Trabajo Decente de la Organización Internacional del Trabajo. Disponible en:

http://www.ilo.org/global/topics/decent-work/lang–es/index.htm

4 Tripartismo es el término que se utiliza para referirse a un cierto tipo de organización y procedimientos de concertación entre tres sectores: los gobiernos, las organizaciones de empleadores y los sindicatos.

5 Ley Federal del Trabajo. Art. 2.- Las normas del trabajo tienden a conseguir el equilibrio entre los factores de la producción y la justicia social, así como propiciar el trabajo digno o decente en todas las relaciones laborales. En: http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/125_120615.pdf

6 ibídem

7 OIT Programa de Trabajo Decente de la Organización Internacional del Trabajo. Disponible en:

http://www.ilo.org/global/topics/decent-work/lang–es/index.htm

8 UNAM (2015) Sustentabilidad y trabajo digno o decente, una aproximación cuantitativa. Recuperado de:

http://congreso.investiga.fca.unam.mx/docs/xx/docs/3.14.pdf

9 Objetivos de Desarrollo Sostenible: Objetivo 8: Promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos. Recuperado de:

http://www.un.org/sustainabledevelopment/es/economic-growth/

10 De acuerdo con la legislación nacional, en México, la edad mínima requerida para trabajar son los 15 años.

11 Tasa de informalidad laboral 1 (TIL1). Proporción de la población ocupada que comprende a la suma, sin duplicar, de los ocupados que son laboralmente vulnerables por la naturaleza de la unidad económica para la que trabajan, con aquellos cuyo vínculo o dependencia laboral no es reconocido por su fuente de trabajo.

12 Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. México, Mejores políticas para un desarrollo incluyente. En: https://www.oecd.org/mexico/Mexico%202012%20FINALES%20SEP%20eBook.pdf

13 Diario Oficial de la Federación. Ley Federal del Trabajo. Última reforma publicada el 12 de junio de 2015. Recuperado en: http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/125_120615.pdf

14 El Convenio de la OIT sobre la seguridad social (norma mínima), 1952 (núm. 102). Recuperado en:

http://www.ilo.org/secsoc/areas-of-work/legal-advice/WCMS_222058/lang–es/index.htm

15 Organización Internacional del Trabajo. Conciliación del trabajo y la vida familiar. Consejo de administración. 312ª reunión. Sección de formación de políticas. Segmento de empleo y protección social. OIT, Ginebra 2011.

16 Elsy Guadalupe Parada Ruiz, María del Rocío Soto Flores y Daniel González Lomelí. El Balance Vida-Trabajo en las organizaciones de diferentes países del mundo. Políticas de ciencia y tecnología. UNISON Epistemus 20/Año/10/2016/pág. 90- 94. Mayo de 2016.

17 Organización Internacional del Trabajo. R021. Recomendación sobre la utilización del tiempo libre, 1924 (núm. Ginebra, 6ª reunión CIT (05 julio 1924) – Estatus: Instrumento retirado. 21)

http://www.ilo.org/dyn/normlex/es/f?p=NORMLEXPUB:12100:0::NO:12100:P12100_INSTRUMENT_ID:312359:NO

18 Organización Internacional del Trabajo. Conciliación del trabajo y la vida familiar. Consejo de administración. 312ª reunión. Sección de formación de políticas. Segmento de empleo y protección social. OIT, Ginebra 2011.

19 La ENUT estimó que en 2014 la población de 15 y más años promedió 44.5 horas dedicadas al trabajo para el mercado.

20 La ENUT 2014 define Traslados al trabajo como actividades realizadas por las personas del hogar de 12 años y más para desplazarse a su lugar de trabajo (ida y regreso).

21 Balance Vida-Trabajo. OCDE Better Life. Recuperado en: http://www.oecdbetterlifeindex.org/es/topics/work-life-balance-es/

REFERENCIAS:

Congreso de los Estados Unidos Mexicanos (2014). Ley Federal del Trabajo. En: http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/125_120615.pdf

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________ Encuesta Nacional sobre Uso del tiempo, 2014. Base de datos. México, INEGI.

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