LA MEXOFOBIA, UNA GUERRA DE SÍMBOLOS CONTRA NUESTRO PAÍS

Se ha convertido en un deporte utilizar a México como una piñata simbólica para hablar de los peores males del mundo.

El tiempo corre, los mensajes circulan y los tuits definen percepciones.

El estudio respecto a que México es el segundo país más violento del mundo es injusto, por comparar dos países con contextos distintos.

Fuente: Ibero
En una de las escenas de la próxima película estelarizada por Salma Hayek, Beatriz at Dinner, uno de los personajes que representa a un millonario conservador estadounidense, de nombre Doug Stroutt, le pregunta sin resquemor a la mexicana emigrada Beatriz, frente a todos los amigos de la familia, si acaso su ingreso a esa nación fue de manera “legal”. La manera de preguntar, la entonación, el contexto y el personaje en cuestión, dejan ver claramente la carga antimexicana de prejuicios que asalta a un grupo de estadounidenses, por igual poderoso, influyente e ignorante, sobre lo que son los mexicanos y los “vecinos del sur”.

A lo largo de la película, que será un enorme éxito en México sin lugar a dudas, se desenmascara la actitud de un sector de estadounidenses que percibe a nuestro país con un enorme desprecio y con el ánimo de atacarlo por todos los medios posibles, en el ámbito público, y más ferozmente, en la vida privada. Es el inicio abierto de la guerra de símbolos llamada Mexofobia.

Tenemos ya unos años de atestiguar que distintos emprendedores con presencia en medios de comunicación global, se dedican a hacer ataques sistemáticos a la reputación e imagen de México y los mexicanos, por todas las razones imaginables.

Hemos visto diversos epítetos descalificando a México desde múltiples horizontes e intereses: “el efecto tequila”, “la gripe mexicana”, “el Estado fallido mexicano”, “la cuna del narcotráfico”, “territorio de bad hombres” y ahora, la más reciente, “México el segundo país más violento del mundo, después de Siria”.

Más allá de los argumentos empíricos corroborarles que sustentan dichos calificativos, pareciera que en algunos lugares se ha convertido en un deporte utilizar a México como una piñata simbólica, para hablar de los peores males del mundo. Estamos ya frente a una “Mexofobia” en distintas partes del mundo, empezando por los grupos más conservadores de los EU, quienes se regodean en utilizar argumentos de todo tipo para descalificar a esta nación y sus habitantes. La Mexofobia incluye asumir un conjunto de estereotipos negativos y trillados sobre el país, reproduciéndolos ad nauseaum, hasta que cobran realismo y se transforman en referentes simbólicos de lo que la gente piensa.

Michael Pickering reflexiona que los estereotipos reflejan una realidad distorsionada e incomprendida, que opaca las particularidades más complejas del país tendiendo a transformar fácilmente a los otros en monstruos o enemigos. Este es un juego sumamente peligroso no sólo para la relación de México con Estados Unidos sino con el resto del mundo.

La Mexofobia incluye los chistes de mal gusto, estereotipando rasgos mexicanos con aspectos discriminatorios claramente denigrantes de esta nación; refiere a roles sociales representando a los mexicanos como figuras secundarias, peligrosas o de una clara ignorancia; incluye la imitación del estilo de hablar, la entonación, los modismos o la jerga propia de esta nación, empleada en otros idiomas, especialmente en inglés de una manera discriminatoria, o con tintes claramente racistas.

La Mexofobia acude a la industria fílmica global para realizar películas donde los personajes mexicanos son siempre los jardineros, los secuestradores, las mujeres ofrecidas, los bandidos, los narcotraficantes, los violadores, los extraterrestres, etc. Ese perfil que se ha consolidado, de los mexofobos, puede verse de manera muy reiterada en algunos medios de comunicación que optan por difamar antes que indagar; en las expresiones verbales de personas con poder político y/o económico y con influencia global, quienes denostan y descalifican, antes de entender o mostrar empatía; en la actitud de instituciones o empresas que discriminan, antes que adaptar sus prácticas a la naturaleza multicultural del mundo del siglo XXI. Esto también refleja la pobreza de los recursos culturales y de identidad de la comunidad que los crea y los sustenta.

Estos imaginarios empiezan a configurarse de manera más sistemática y descarada desde los Estados Unidos para el resto del mundo. Como prueba reciente está la “fiesta antimexicana” acontecida en la Universidad de Baylor en Texas, claramente racista y adornada con estereotipos negativos. Los brotes de Mexofobia están creciendo y son evidentes en muchos lugares de aquel país. Hace unas semanas, la actriz mexicana Adriana Fonseca acudió a una prueba para un papel para un comercial, cuando el director le pide diga su nombre. Al escuchar el apellido de origen hispano, el director enfurece y le pide que se retire, dado que tiene un “fuerte acento”. El famoso “muro” al sur de la frontera, es otro ejemplo contundente del simbolismo que estigmatiza a México y propicia actitudes contrarias a nuestro país y sus habitantes. El desprecio con el que el presidente estadounidense Donald Trump se refiere a México, a sus gobernantes y a nuestro pueblo, es una clara afrenta a nuestra identidad y un ejemplo mayor de esa Méxofobia que crece sin control y que afecta gravemente nuestra representación simbólica ante el mundo.

Esta preocupación se incrementa cuando estos estereotipos se multiplican en las redes digitales, influyen en niños, jóvenes, familias, empresarios, estudiantes y políticos de diversas partes del mundo, e instalan actitudes negativas hacia nuestro país y menguan nuestra reputación internacional. Llama la atención que la Mexofobia llegue y permee instituciones académicas que ostentan credibilidad y prestigio a nivel mundial como el International Institute for Strategic Studies. El más reciente informe sobre los conflictos armados en el mundo concluye que “México obtuvo el segundo lugar mundial en conflictos letales, con 23 mil muertos en 2016”.  El problema no está en los números (posiblemente sean más muertos, inclusive), sino en la comparación que hacen de México y Siria, como países violentos, cuando los autores del estudio saben que los dos países tienen contextos muy distintos.

El estudio hace comparaciones en mi opinión injustas para México con otras naciones con una marcada debilidad institucional y que atraviesan crisis humanitarias extremas y verdaderos conflictos armados internos, como Irak, Afganistán, Yemen o Somalia por mencionar algunos. Subsumiendo también conflictos en Centroamérica hacia México sin ningún reparo técnico-metodológico. No sobra decir que este fue un regalo perfecto para la Mexofobia de Donald Trump, quien no tardó en subir la nota para consumo global en su cuenta de Twitter.

En el informe “La imagen de México en el mundo 2006 –2015”, presentado a finales del año pasado por un equipo de investigación desde la Universidad Iberoamericana, encontramos que la percepción global de México en ese período es mucho más positiva pues realizamos un conjunto de ponderaciones metodológicas que permiten entender mejor a este país. Hacemos un ejercicio cauteloso que establece tres imaginarios que coexisten de manera paralela: si bien las partes socio-políticas de nuestro país proyectan asociaciones preponderantemente negativas al exterior, las dimensiones cultural y económica son muy positivas y permiten entender mejor el contexto del país, cuyas características lo colocan muy lejos de un conflicto armado no internacional, además de un factor de exotismo que juega de manera dual para México, como atractivo, pero a su vez, como rareza. En nuestro informe, analizamos de manera integral y con elementos equiparables a un conjunto de variables que construyen una percepción muy distinta del informe Armed Conflict Survey 2017, presentado por el IISS, pues consideramos elementos muy diversos que brindan datos más precisos sobre el país.

No podemos decir que los resultados del informe del IISS sean equivocados, lo que si podemos decir es que la manera de utilizar la variable sobre el número de “muertes letales” en México es acomodaticio y carece de la necesaria ponderación comparativa, como lo es el utilizado en nuestro informe, donde optamos por el número de crímenes por cada 100 mil habitantes. También, la manera de comunicar la información nos parece inadecuada, dado que se tiende a estigmatizar a México antes que entender las bases de sus dificultades internas. ¿Mexofobia?

Finalmente, la respuesta oficial de parte del gobierno de México ha sido francamente insuficiente. La comunicación emitida en conjunto por la SRE-SEGOB presenta una argumentación muy elaborada que demanda conocimientos técnico-metodológicos para ser asimilada. Es información “fría”.  Dicha información es relevante desde una lógica de un debate con expertos en el tema, pero que tiene un impacto mucho menor en los “medios calientes” donde la emoción gobierna, y donde precisamente la nota del Institute for Strategic Studies y el tuit de Trump se instalaron desde un principio. El anuncio de “México es el segundo país más violento del mundo, después de Siria” tiene una virulencia mediática que debe ser contestada en la misma pista caliente de la comunicación, con una estrategia de manejo de crisis y de diplomacia pública, específicamente la digital, que contenga y revire este tipo de dichos sobre el país, para ello hay que entender la influencia de la diplomacia digital, y su uso de forma integral de parte de nuestros funcionarios partiendo de una estrategia de manejo de crisis. No es una petición de buena fe, esto es una de las responsabilidades del gobierno, específicamente en el artículo 61 del recientemente promulgado Reglamento de la Ley del Servicio Exterior Mexicano se establece que una de las obligaciones de los miembros del SEM es la de “defender dignamente el nombre y la imagen de México”.

En conclusión, la Mexofobia se ha hecho más visible los últimos tiempos, específicamente en los Estados Unidos con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Esto no quiere decir que no existiera el fenómeno, pero ahora ciertamente se ha hecho más visible y amenazante para el país. Considero que la Mexofobia es ahora mismo uno de los mayores problemas de seguridad nacional de México, y uno de los elementos que debe atender de manera más reiterativa la política exterior a través del cuerpo diplomático. El asunto es entender que el manejo de las imágenes nacionales es una tarea que requiere pensar de manera oblicua, con metodologías cualitativas y con un trabajo de símbolos y comunicación extremadamente bien elaborado. La coordinación interinstitucional es más urgente que nunca. Construir una reputación y prestigio lleva muchos años y México cuenta con muchos puntos a su favor. La visión de favorecer una Mexofilia es una tarea en la que debemos involucrarnos todos. El tiempo corre, los mensajes circulan y los tuits definen percepciones. Es momento de actuar, expone en sus reflexiones César Villanueva coordinador de la Licenciatura de Relaciones Internacionales en la Universidad Iberoamericana (Ibero).